La fotografía en clave alta nos acerca al límite.

Desde un punto de vista técnico, la clave alta nos obliga a acercarnos al extremo de las posibilidades de la fotografía digital. Así como en soporte químico el punto crítico está en las sombras (una zona transparente en un negativo, que es la que nos da los negros, no tiene información), en soporte digital hay una frontera sin marcha atrás: cuando el histograma se pega a la derecha hasta el punto que se pierde la información. No hay nada. Blanco. Eso que popularmente se llama ‘banco reventado’ o ‘blanco petado’. La impresora no invertirá tinta en esa parte de la imagen. La pantalla de la cámara incluso nos ofrece, en algunos casos, una alarma visual en forma de mancha negra parpadeante. A todo esto hay que añadir el peso visual que, en determinadas imágenes, puede llegar a tener una zona particularmente luminosa.

¿De qué se trata? De llegar a ese límite de forma sutil, sin perder la textura que las luces puedan contener. Vamos a acercarnos al barranco sin barandilla. Obviamente disponemos del histograma como herramienta para ver si vamos por buen camino, pero la cámara siempre nos ofrece el histograma correspondiente a una imagen procesada en formato JPG, aunque estemos fotografiando en formato RAW (algo que nos ayudará mucho especialmente si nuestro objetivo es la clave alta). La información obtenida en un RAW es mucha más que la que finalmente compone un archivo JPG. Esto aumenta nuestras posibilidades, con un buen software de posproducción, de hacer visible toda la información contenida en el fichero, recuperando texturas ahí donde parecía no haber nada. La información está en la imagen, sólo tenemos que extraerla.

Pero esto no es la panacea universal. El formato RAW también tiene sus límites. También llegaremos a esas luces sobrepasadas sin información para nuestra fotografía. Es importante saber hasta donde podemos apretar la tuerca, y para eso hay que conocer la propia cámara y el software utilizado posteriormente. Deberíamos saber hasta donde podemos sobreexponer una imagen de forma que, a pesar de la información contenida en el histograma que nos muestra la cámara, podamos extraer textura.

Buscar una superficie blanca y fotografiarla varias veces sobreexponiéndola cada vez un paso e intentando recuperar luego las texturas nos dará una información muy valiosa sobre el límite en las luces de nuestra cámara (y nuestro software).

Pero a parte de la técnica, ese límite al que nos acercamos con la clave alta va más allá. La clave alta es ese punto en el que la propia luz está a punto de comerse la imagen. El instante del desvanecimiento. Ese momento en que aquello que nos es dado por la luz, es absorbido por ella misma. Venimos de la oscuridad, las sombras (la clave baja) y en nuestro viaje llegamos al que será el final, la clave alta. Más allá vuelve a no haber nada. Los colores se desvanecen y todo tiende al blanco, a ese blanco que llegará a conformar toda la imagen si traspasamos el límite.

Texto: Quim Farrero

Concurso relacionado: Clave altabanner-es

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